Sabemos que el uso de las redes sociales va en aumento últimamente, esta herramienta ha ayudado a la comunicación y entretenimiento con muchas cosas pero no solo nos aporta cosas buenas, en los últimos años se ha empezado a replantear su función en la salud mental de los adolescentes y usuarios.
Las redes sociales prevalentes, como TikTok o Instagram, pueden crear un sentimiento de insuficiencia en los espectadores. En estas plataformas solo se muestra la parte buena y bonita de la vida, sin mostrar las partes malas que todo el mundo tiene. Esto crea una imagen distorsionada de la vida a los adolescentes que fomenta expectativas de vida inalcanzables e inexistentes.
A todo esto se le une la gran dependencia emocional que están creando en algunas personas estas redes, hasta tal punto de no poder vivir sin ellas. Gracias a los likes y comentarios se está creando una necesidad de aprobación externa sobre cada paso de la vida diaria afectando al bienestar psicológico.
Los consumidores mayoritarios y por lo tanto más afectados son los adolescentes, además estos se encuentran en una etapa de desarrollo psicológico. Se someten a la visualización de cánones de belleza y conducta irreales que tratan de alcanzar con métodos que no dan resultados, empeorando su salud mental.
Maneras de “solucionarlo”:
- Establecer límites de tiempo en el uso de dispositivos.
- Fomentar el pensamiento crítico sobre los contenidos consumidos.
- Priorizar las relaciones interpersonales cara a cara.
- Buscar ayuda profesional en caso de detectar síntomas de ansiedad o depresión.
En resumen, las redes sociales en sí no son negativas, si no las imágenes que se ven a través de ellas de querer aparentar cosas falsas y de los usos que se le dan a estas. Con ciertas medidas podría conseguirse hacer que en vez de perjudiciales fueran beneficiosas para todos.
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