lunes, mayo 05, 2025

IMPACTO DEL ESTRÉS CRÓNICO

Es fundamental para la supervivencia que los organismos se adapten a las presiones ambientales en constante cambio. Cuando se enfrentan a cambios importantes, el cerebro y el cuerpo activan una serie de mecanismos fisiológicos y conductuales que, en conjunto, se conocen como respuesta al estrés. Esta reacción incluye transformaciones a nivel celular y en los sistemas del cuerpo con el objetivo de proteger la homeostasis (el equilibrio interno) y ajustar el funcionamiento fisiológico para superar desafíos inmediatos. Esta respuesta al estrés es muy útil a corto plazo, sin embargo, cuando se prolongan en el tiempo pueden derivar en problemas serios de salud.

Todo comienza cuando los centros corticales del cerebro detectan un estímulo perturbador o una amenaza. En ese momento, se activa una red de comunicación interna que involucra el sistema límbico, el cual estimula diferentes sistemas periféricos del cuerpo. Entre estos destaca el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HPA) que desencadena una compleja cascada de respuestas fisiológicas.

En este proceso se liberan hormonas como la adrenalina y diversos neuropéptidos, que regulan funciones esenciales como la actividad cardiovascular y el metabolismo, elevando la frecuencia cardíaca, la respiración y los niveles de glucosa. Todo esto prepara al cuerpo para reaccionar de forma rápida y efectiva ante un desafío.

Cuando el factor estresante se mantiene en el tiempo, el eje HPA se activa para mantener la respuesta. Esto comienza con la liberación de la hormona liberadora de corticotropina por parte del hipotálamo, que estimula la hipófisis para producir la hormona adrenocorticotropa (ACTH). Esta, a su vez, estimula a las glándulas suprarrenales para liberar glucocorticoides.

La mayoría de los órganos y tejidos del cuerpo tienen receptores para estos glucocorticoides y responden a su presencia. Estas hormonas participan en muchos procesos relacionados con el estrés: desde la regulación de la presión arterial y la respuesta inmunitaria, hasta el control de la misma respuesta al estrés, ya que ayudan a frenar la actividad del eje HPA cuando ya no es necesaria.

En situaciones donde el estrés se vuelve crónico, el mecanismo de retroalimentación negativa, sistema que normalmente inhibe la respuesta al estrés, deja de funcionar. Se desarrolla resistencia a los receptores de glucocorticoides y, como consecuencia, los niveles de hormonas del estrés permanecen elevados. Esta situación debilita el sistema inmunológico y puede causar daños prolongados en varios órganos y tejidos del cuerpo.

La exposición repetida a niveles de neurotransmisores simpáticos, hormonas y otras moléculas bioactivas está estrechamente relacionada con alteraciones en el sistema neuroendocrino y en el desarrollo del cerebro. Esto puede traducirse en cansancio constante, problemas para dormir, dolores musculares o mayor facilidad para enfermarse. Además, estas alteraciones pueden aumentar el riesgo de trastornos psiquiátricos y neurológicos como el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), la esquizofrenia, la depresión e incluso el autismo.

Frente a estos riesgos, existen numerosas estrategias para reducir o controlar el estrés. Una de las más importantes es desarrollar una mayor conciencia sobre los factores que nos generan estrés y aprender formas efectivas de afrontarlos. Existen también técnicas de relajación que pueden ayudar, como la biorretroalimentación, la relajación muscular progresiva, el entrenamiento autógeno, el yoga, la meditación, la visualización guiada y la autohipnosis.

Otras herramientas útiles son la escucha activa, el análisis conductual para controlar la ira, y terapias psicológicas como la terapia racional emotiva, la terapia Gestalt y la desensibilización sistemática. Además, mantener una alimentación equilibrada y realizar actividad física regular son fundamentales para el manejo del estrés.

En definitiva, el estrés crónico no solo afecta nuestras emociones, sino que altera profundamente el funcionamiento del cerebro y del cuerpo. Estas alteraciones deterioran el funcionamiento normal del cerebro y pueden provocar o agravar enfermedades mentales. Por tanto, es esencial reconocer sus efectos y adoptar herramientas efectivas para reducir su impacto.

Reconocer el estrés crónico es el primer paso. Incorporar pequeñas rutinas de autocuidado, como caminar, hablar con alguien de confianza o practicar la respiración profunda, puede marcar una gran diferencia. Esta infografía nos muestra otras pequeñas actividades que se pueden realizar para reducir el estrés:




Mariotti A. The effects of chronic stress on health: new insights into the molecular mechanisms of brain-body communication. Future science OA [Internet]. 2015 [consultado 5 may. 2025];1(3). Disponible en: https://doi.org/10.4155/fso.15.21

Roberts BL, Karatsoreos IN. Brain-body responses to chronic stress: a brief review. Faculty reviews [Internet]. 2021 [consultado 5 may. 2025];10(83). Disponible en: https://doi.org/10.12703/r/10-83



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